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ALERTA, ALERTA VALLENATO

ALERTA, ALERTA VALLENATO.

Por: Juan Cataño Bracho

Este título nos remite a La Profecía de Julio Oñate Martínez, un autor que, poseído por la sensibilidad que los Ingenieros agrónomos profesan por la naturaleza, advertía sobre los peligros que arrastra la deforestación y la depredación de los recursos naturales, que en un caso específico exponía al Valle de Upar a la expansión del desierto de La Guajira.

Lo anterior representa un peligro para la naturaleza, pero sirve para alertar sobre los riesgos de la Cultura y no es que de La Guajira venga la amenaza, sino que la naturaleza poética, al parecer, también se esteriliza y amenaza su entorno.

De parte de otros artistas surge otra Profecía sobre la amenaza que se cierne sobre el Vallenato:

Para Iván Villazón, lo que los nuevos interpretes del vallenato están haciendo es repetir lo que ellos, los clásicos, hicieron. Esto sugiere la demostración de verdaderos talentos de la interpretación, que sean capaces de imponer su personalidad artística.

Para “Juancho” de la Espriella, el 2026 debe ser un año para descubrir nuevos cantos que ayuden a sostener el buen vallenato, auténtico o tradicional. Esto sugiere elevar la calidad de los autores y la de sus mensajes o estructuras poéticas.

Para muchos, entre ellos este servidor, preocupa que a la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (Sayco), al parecer se le ha colado la mediocridad; dado que, antes que proponerse a salvaguardar la calidad de las obras, se ha dedicado a legalizar a todo el que alcanzando el número de obras grabadas, facilidades por la proliferación de “estudios de grabación, ha dejado de lado lo que debiera ser una de sus responsabilidades naturales: defender la pureza del folclor, apuntándole a la calidad.

No hay que perder de vista que, pese a la relevancia que ha adquirido el acordeón como símbolo del vallenato, la grandeza del vallenato, su importancia se le debe más al mensaje que al instrumento o al ritmo mismo. Es el mensaje el que, en primera instancia, motiva el “consumo” del vallenato. Además, el canto es anterior a la instrumentalización.

Aunque sea cierto que el canto siempre es contemporáneo, en virtud de las circunstancias que vive el autor, no es menos cierto que la calidad no obedece a las circunstancias sino a la preparación y/o sensibilidad de sus autores.

No hay que dudar que muchos géneros musicales, principalmente los populares, han sucumbido o siguen sucumbiendo como se ha ido extinguiendo sus autores tradicionales o se ha ido agotando la capacidad para hacerle frente a sus circunstancias.

Tal vez sea cierto que ya las circunstancias no están para producir clásicos del vallenato, sino para transitar sólo el camino de los éxitos, pero no podemos dejar de lado la función del vallenato tradicional: narrativa y descriptiva y/o sus propósitos: Instrumental y Consumatorio. Instrumentos para motivar nuevas reacciones o para admitir que, en determinadas circunstancias, todo está consumado. 

En el ambiente se nota la ausencia de compositores o autores que sean capaces de producir obras que nos identifiquen como sociedad, que trascienden la época o poner de relieve nuestra cultura en particular. Los que edificaron al vallenato auténtico, muchos de los cuales, ya han muerto y los que sobreviven, al parecer, ya no están para captar el espíritu de la época y traducirla en cantos. 

Bien lo afirmó el poeta Luis Alejandro Alvares Vanhestralen: “La poesía está en todas partes y lo que hace al poeta es su capacidad para captarla. Todo es poesía”. Y la palabra dice: “Las cosas son instrumentos que esperan quien las maneje”.

En este aparte es de lamentar que, hoy, no es recurrente transitar de una historia real a un canto, si no que, los “autores” alertados por el atractivo que señalaba Escalona (que en el vallenato auténtico es más atractiva la historia que origina los cantos que el canto mismo) antes, se hacen los cantos sobre realidades inexistentes y luego se le inventa la historia. Nuestros autores han dejado de transmitir su realidad que, muchas veces, son realidades que tienen equivalencia universal.

Si bien es cierto que el mercado o la demanda hace sus exigencias y condiciona los productos, no es menos cierto que el productor debe hacerle, cada vez, mejores propuestas al consumidor y, con su experiencia y calidad, también, puede orientar sus gustos y, con ello, contribuir a depurar la demanda desde el punto de vista de la calidad del producto y la satisfacción del cliente.  

Resulta esperanzadora la calidad de algunos nuevos intérpretes y la propagación del género vallenato, así como la ampliación del mercado para estos intérpretes, pero es imperativo que los nuevos intérpretes y los autores contemporáneos dejen su impronta personal en el presente del vallenato y nos hagan soñar con la conservación del vallenato auténtico, tradicional o el buen vallenato. Es imperativo pasar de la maqueta a la obra material o de la imitación a la originalidad. Los instrumentos o herramientas lo facilitan y los consumidores lo requieren.

Con respecto a las lamentaciones de los pocos clásicos que quedan, que se duelen de cuando ya no estén y temen que el vallenato desaparezca, hay qye decirles que: “todo cambia, nada permanece”. “Los hombres pasan y las instituciones quedan, si son fuertes sus cimientos”. “Nadie es eterno en el mundo”. Confíen en que si hicieron bien su tarea, la calidad de sus planas permanecerán y sus alumnos seguirán regando el bello jardín del vallenato.

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