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Descubre la verdadera Vocación y reinventate como es…

Compliador: Juan Cataño Bracho*

El centro es el centro. La vocación actúa como una ley divina, de la que no hay escapatoria (Carl Gustav Jung). El sueño que todo hombre lleva en su corazón es encontrar un cauce significativo para su vida (Saúl Bellow). En cuanto uno empieza a hacer lo quiere hacer, realmente se inaugura una especie de vida diferente (Buckminster Fuller). No existe más libertad que la de quien se abre paso para llegar a algo (Antoine de Saint-Exupéry).

El centro del ser humano es identificar su vocación, el llamado interior que le reclama desarrollar su mejor potencialidad. Todos tenemos alguna habilidad que rebasa el resto, es la actividad que más disfrutamos, es la esencia de nuestra naturaleza; quien disfruta de pintar debe pintar toda su vida; a quien le llena de alegría construir debe construir; quien se complace en dar clases ha identificado que su vocación es ser maestro; de hecho, todos los seres humanos nacemos con una vocación determinada y el mundo es mundo porque afortunadamente todos los seres humanos somos diferentes y singulares.

Cada persona es una sorpresa para el resto de la humanidad. Cada vez que un ser humano nace es una incógnita; nadie sabe qué o quién va a llegar a ser. Solamente la educación puede descubrir su auténtica vocación, pues quien nace y vive en la ignorancia nunca podrá descubrir su llamado y vivirá y morirá sin saber realmente para qué ha existido.

Seguramente hay algo que usted disfruta intensamente: la tarea en la cual siente que expresa lo mejor de sí mismo es cuando el tiempo pierde su dimensión, pues no importa a lo que se dedique; su atención sólo está centrada en esa labor.

La persona que identifica su centro y se atreve a encontrarse en él, ha logrado identificar el camino a su plena realización; ha descubierto una forma diferente de existir; ha reinaugurado su forma de vivir; se ha atrevido finalmente a ser el mismo., es más ya no existe para él el paradigma de trabajar y descansar – forma inútil en la que dividen la vida los mediocres – , pues todo lo que observa, estudia, medita, tolo lo que percibe, lo suma a su centro como si fuera su gran centrífuga que absorbe todas su vivencias.

Los líderes de excelencia han logrado identificar su centro, por eso parece ser que el tiempo le rinde mucho más que al resto de la gente. Tan intensamente disfrutan su llamado, que parecen ir a una velocidad vertiginosa; ya no compiten con el tiempo, sino que se dejan llevar por su pasión; han logrado finalmente su forma de vivir.

Todos los seres humanos tenemos una vocación, un llamado, pero cabría preguntarnos ¿y quién llama? Estoy convencido de que nuestra existencia no es producto de la casualidad, todos tenemos una misión que cumplir, por alguna cosa, para lograr un mundo mejor.

La corriente de la evolución nadie la puede detener, el mundo actual es mucho mejor que el mundo de ayer; las vidas que se han atrevido a vivir en su centro nos han heredado un mundo más humano y justo, y algunos – consciente e inconscientemente – se han convertido en co-creadores de la obra de Dios, su vida ha sido útil para el resto de la humanidad legándonos ya sea una vacuna, un avance tecnológico, una poesía o sencillamente una vida dedicada con pasión a la tarea de educar o de formar una familia con dignidad, honor y amor a los valores universales.

No debemos renunciar a nuestro llamado interior y es responsabilidad del líder despertar a sus seguidores para que se atrevan a ser ellos mismos. Si encuentran su centro en los ideales que él propone, el líder habrá logrado conquistar seguidores que lo harán trascender. Si por lo contrario, despiertan e identifican otro centro, el líder autentico se sentirá igualmente satisfecho, pues ha logrado integrar un colaborador más en una misión diferente, pero finalmente una misión que complementa y colabora con la creación de Dios.

“Todos los seres  humanos tenemos una misión que cumplir, una razón existencial, ésta es lo que justifica nuestra presencia en la creación. Quien se considere sin misión, se cree, entonces, sólo producto de la casualidad o del absurdo y, por lo tanto, se niega a vivir.

Debemos definir nuestra misión a nivel conceptual: ¿qué queremos lograr en nuestra vida? Así debemos hacerlo en cada uno de nuestros roles existenciales: pareja, familia, sociedad, trabajo, y posteriormente ir subdividiendo esta misión para que cada día tenga un fin y un por qué hacer las cosas, que nos impulse a utilizar el máximo de nuestras potencialidades”.

Descubre para que estas preparado en la vida y dedicate a cumplir tu Misión, para que cuado mueras no se tenga que escribir en tu lápida: nació, creció, se murió y nunca supo para que existió.  

*Avances del libro: Etica para ser Maestro