Atención comunicadores

Atención comunicadores

Por: Juan Cataño Bracho*

La comunicación es un intercambio de significaciones entre un emisor y un receptor. Es también la “puesta en común” de algo entre los interlocutores. Su origen lo encontramos con la presencia del hombre en el mundo, debido a que es una de las características que lo identifican como tal.

La comunicación humana no ha sido una, ni única en el tiempo y en el espacio, cada momento histórico tiene sus necesidades y formas de expresión que le son propias, lo que conduce a que se cree el habla de la “época”, indicando que la lengua posee vida y tiene la posibilidad de la mutabilidad. El lenguaje se acomoda permanentemente a las necesidades históricas de comunicación, dependiendo en última instancia, de la estructura social vigente en cada período.

Desde las épocas más primitivas hasta hoy, la capacidad social del hombre ha dependido siempre de su propia capacidad de comunicarse y de los concretos poderes humanos que controlan los medios. La persona necesita del contacto y la comunicación con los otros para poder subsistir. Todos los pueblos consideran que el contacto y la comunicación entre personas son benéficos para éstas.

La comunicación aparece en el instante mismo en que la estructura social comienza a configurarse y donde no hay comunicación no puede formarse ninguna estructura social. Para que el hombre alcance su condición de animal político, el requisito fundamental es que se ponga en práctica su capacidad comunicativa, la posibilidad de saber del otro y de hacer saber de él.

Los individuos por su misma naturaleza no pueden vivir aislados y es algo innato de los hombres que tiendan a salir de la situación de aislamiento buscando a los otros. La función de comunicarse con sus semejantes, es una función esencial de la naturaleza humana.

La buena comunicación supone que un emisor empleando correctamente unas técnicas de expresión adecuadas, transmite un mensaje claro, preciso y ordenado a uno o varios receptores o destinatarios que captan normalmente y sin necesidad de esfuerzo especial, el contenido del mensaje gracias a la acertada utilización por parte de todos de un código común, previamente seleccionado, y a virtud también del correcto funcionamiento del canal adecuado, a través del cual se ha deslizado el mensaje.

La vida de los hombres en sociedad se puede esquematizar por la multitud de relaciones que vincula a unos con los otros. En esa variedad de relaciones a que aludimos hay que observar dos aspectos fundamentales: saber transmitir ideas y saber hacerse comprender de los demás.

Un hecho indiscutible es que el hombre para vivir en sociedad necesita comunicarse. Para ello utiliza instrumentos o formas como gestos, la entonación de una frase, una danza, un signo del alfabeto brille, una canción etc. La vida de cualquier sociedad no es más que intercambio recíproco de signos que tienen como substrato significativo el sentido que la comunidad usuaria le haya asignado a estos medios o instrumentos de comunicación. De ahí que, para una buena comunicación, es necesario el conocimiento de las formas o signos que se van a utilizar.

Comunicarnos es hacer comprender a los demás nuestros pensamientos, ideas o sentimientos. Los hombres se comunican de diferentes maneras a través de señales, actos, gestos y en nuestro caso a través del canto o del verso. La comunicación es el proceso de intercambio de ideas, a través de códigos (lenguas, naturales, gestos, señales). Para que el intercambio se dé, deberá ocurrir la emisión y la interpretación de los mensajes.

El hombre ha dado respuesta a su necesidad de comunicación; ha utilizado la palabra hablada, el gesto, la palabra escrita y diferentes tipos de signos y señales para realizar procesos de interacción.

A medida que fue explorando el mundo, tuvo que educar sus procedimientos para lograr superar las barreras del tiempo y el espacio. Todo hasta el punto en que nos hallamos hoy: comunicaciones terrestres totales, pero también comunicaciones fuera de la órbita de nuestro planeta.

Comunicarse es dar y recibir, es influir y ser influido mutuamente. Ese intercambio de acciones exige una técnica y por lo tanto un proceso. El proceso a su vez supone un sistema que es un conjunto heterogéneo de partes que interactúan mutuamente.

El ser humano desde épocas remotas construyó un mundo de comunicación; ejemplo de estos son los petroglíficos, los jeroglíficos que hoy en día ocupan el tiempo de investigadores en lingüística y antropología.                     

El hombre desarrolló la palabra y las lenguas habladas empezaron a ser grandes instrumentos de comunicación que se han constituido en un instrumento indispensable para el desarrollo personal y social.

Dado que todo comunicador persigue a través de su mensaje poner en común sus sentimientos y emociones, distribuyendo estímulos ambientales para producir un comportamiento en el receptor; el proceso de comunicación debe concluir con resultados positivos, efectivos o eficaces.

Los comunicadores hábiles siempre encuentran recursos o inventan artificios para hacerse entender y atender. Todo comunicador posee un propósito, al buscar una audiencia, como lo hemos ilustrado para el caso del comunicador vallenato. En términos generales, ese propósito puede manifestarse en el deseo de afectar, de influir. Este objetivo se logra en la medida en que la intención sea clara al comunicarse, el comunicador sea hábil, el receptor responda adecuadamente o las condiciones del medio sean favorables.

Un medio de comunicación es todo vehículo que le permite al hombre ejercer su naturaleza comunicativa y los medios de comunicación son todos aquellos instrumentos que le permiten al hombre comunicarse y alcanzar los propósitos que motivan su intento de publicar sus ideas.

La rapidez de los medios técnicos no nos puede hacer perder la ubicación que nos lleve a olvidar que lo que convierten en impulsos o grafías estos medios son las intenciones de los hombres que las producen, a partir de pensamientos que se deben comunicar a través de las palabras que luego son vertidas a textos que por el proceso van disipando las fuentes primarias.

Las personas tienden a desarrollar conductas específicas que conduzcan a dar satisfacción a esas necesidades, al tiempo que la manera particular de hacerlo llega a caracterizar a la sociedad misma de otras, en donde necesidades similares se satisfacen de modo diferente.

La verdadera comunicación o comunión existencial exige que cada persona permanezca en ella misma para que pueda enriquecer a la otra, porque no hay una existencia cuya realidad ya esté dada de una vez y para siempre, sino que la misión de la existencia humana es hacerse; por consiguiente, el ser humano está en continuo cambio con miras a su realización.

Todo lo anterior para sostener, enfáticamente, que comunicarse de la manera más efectiva posible ha sido la inquietud permanente del hombre, si se tiene en cuenta que comunicarse es una de las dimensiones del ser humano. Por lo tanto, históricamente, no ha parado de buscar los medios que le permitan lograr este objetivo propio de su naturaleza humana.

A los cambios de técnicas y tecnologías que ha experimentado el proceso de comunicación humana a través de la historia (el tambor, las señales de humo, los impulsos telegráficos, el sonido telefónico, las ornas hertzianas, etc.) ahora surgen las redes sociales y el internet que por lo visto no pretender hacer tierra arrasada de los logros anteriores, sino contribuir a seguir aclimatando un proceso más ágil, dinámico y efectivo. Por lo tanto, representan un avance inteligente en el proceso de la comunicación humana.

Por lo anterior, no hay que creer que las redes sociales y la Internet harán tierra arrasada de los múltiples aportes, que en materia de avances y descubrimientos se han hecho a través de la historia de la comunicación social.  Es cuestión pues de adaptaciones, reacomodamientos, reingeniería y adecuaciones que no borrarán de un tajo lo actuado, solo significan un paso más en la conquista de la aldea global en que se pretende se convierta el mundo. Y así debemos entenderlo los profesionales de la comunicación contemporáneos, somos una amalgama de teorías, técnicas y tecnologías que nos ayudarán al propósito de estar cada vez mejor comunicados, de manera más efectiva, ágil y oportuna.   

Vista las cosas de esta manera la internet y las redes sociales no vienen a atacar los sistemas ni las estructuras que les antecedieron, han llegado a favorecerlas, a adecuarlas, a complementarlas y si se quiere a mejorarlas, como es el caso de la noticia, que tendrá nuevas vías de circulación más ágiles y efectivas, pero que, sin duda, tendrá que adaptarse a las exigencias de estas nuevas autopistas de circulación de la información, según que esta puedan soportar su estructura, que como todo, con el paso del tiempo, está sometido a cambios. Bien lo sostuvo Heráclito, en su teoría del devenir: «todo fluye, nada permanece».      

Es un axioma que: «Vivimos hoy en un contexto tecnológico al que la humanidad ha denominado sociedad de la información y, consecuentemente, al encontrarse el profesional en periodismo inmerso en ella es de vital importancia que él conozca y domine en profundidad las herramientas con las que cuenta para el ejercicio de su labor cotidiana. La aparición y el desarrollo de las redes sociales, como factores indispensables de la sociedad de la información, han permitido establecer diversos canales para que el profesional en periodismo pueda amplificar su labor, en beneficio de la sociedad local y global, teniendo como paradigma la libertad de expresión y su correlato: la libertad de información, sin las cuales no funciona una sociedad civilizada y democrática».

Pero hay algo, bien importante, que debemos tener en cuenta hoy, los comunicadores sociales, sobre todo los que utilizamos las redes sociales para hacer circular los mensajes que producimos y los que, aunque no las utilicemos podemos ser sujetos de ellas, porque ahora nada pasa sin ser percibido a través  de estas: hoy todas nuestras comunicaciones, por el efecto  de las redes sociales y el impacto de la internet, tienen un alcance Universal, desde el punto de vista de la cobertura y del tipo de público que puede acceder a ella. Por lo tanto, se requiere mayor preparación, mayor profesionalismo y un mejor manejo de las técnicas, los recursos, el lenguaje y, principalmente, la capacidad y calidad de redacción y comunicación integral. Se trata de estructurar bien los mensajes que emitimos.

En la actualidad, los que si empezaron a quedar en desuso son los “pseudocomunicadores”, que no sobreviven más allá de las fronteras de los pueblos donde nacieron. Los que no podamos avanzar más allá de un lenguaje parroquial, de los discursos intrascendentes y los auditorios preconcebidos; los que la única preparación que alcanzaron fueron lo que recibieron del lenguaje popular, del argot y la jerga del pequeño mundo en el que desarrollan su vida; allí donde se convirtieron en el hazme reír de “sus audiencias”, a los que los demás escuchan no para informarse, educarse y recrearse, sino para relajarse con sus inapropiadas formas de hilvanar un discurso, sin la precaución de que este puede trascender las fronteras de su limitada imaginación.

Tampoco sobra decir, que ningún profesional, incluidos los comunicadores sociales, en materia de formación y preparación, es producto terminado y debe estar siempre dispuesto a la renovación, la adaptación y la disposición de cambio, en pro de un mejor desempeño. A los que se consideran preparados para sobrevivir en esta nueva realidad, debieran, por lo menos, revisar los protocolos, que ya se han establecido, para interactuar en la Internet. No son pocos los ejemplos de los que no se han dado cuenta que, en materia de comunicaciones y medios, el mundo cambió. Pero es claro, también, que no existe una persona que, por muy sabio que sea, no le falte algo por aprender; ni alguno que, por muy ignorante que parezca, no tenga nada que enseñar.          

Hoy, “Un Buen Comunicador es aquel que es capaz de estructurar mensajes claros y precisos, con equivalencia universal y a través de un medio efectivo, que le permita lograr sus Propósitos bien sean Consumatorios o Instrumentales, y alcanzar así el objetivo de comunicar lo que sabe, lo que siente, lo que cree o lo que busca”.

*Comunicador Social – Periodista y Licenciado en Filosofía  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *