Mensaje del Prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede para la Semana de la Comunicación, promovida por la Familia Paulina.

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Un cambio de ritmo, una actitud diferente, una mirada pura que se deja sorprender por la verdad de Dios. Este es uno de los puntos centrales del video mensaje de Paolo Ruffini, Prefecto del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, con motivo de la 54ª Jornada Mundial de las Comunicaciones, publicado esta mañana en el perfil de Facebook y en el canal de Youtube de la Semana de la Comunicación. Debido a la emergencia del coronavirus, la iniciativa, promovida por los Religiosos Paulinos, se desarrolló en la web. La reflexión de Ruffini fue guiada por el Mensaje del Papa Francisco para el Jornada sobre el tema, “Para que puedas contar y grabar en la memoria (Ex 10,2). La vida se hace historia”, publicado el 24 de enero de 2020, día en el que la Iglesia recuerda a San Francisco de Sales, patrono de los periodistas.

Tejer una historia nueva

Centrado en el tema de la narración, el Mensaje del Papa se desarrolla, según el prefecto, sobre una palabra clave que es "compartir"; una llamada a contar nuestra experiencia, a escuchar la de aquellos con los que nos encontramos, a "tejer, en el compartir, una historia nueva". Pero es compartiendo primero con Dios que nace un significado diferente, "una perspectiva de redención". Es con Él, escribe el Papa, que podemos volver a unir tejer el tejido de la vida, cosiendo las rupturas y las lágrimas. Palabras que indican una dirección especialmente "en estos días – subraya Ruffini – de tribulación por el coronavirus". Un momento en el que hemos sido llamados a repensar nuestras vidas, a hacer un balance, a bendecir "la civilización digital por el compartir que nos ha permitido, y por las distancias que ha anulado", al mismo tiempo temiendo "que la dimensión remota termine sustituyendo definitivamente a la proximidad corporal".

La belleza de comunicar con Dios

Ante tantas iniciativas que nos han unido, "nos estremecemos también ante el dañarse de rencores que nunca se han apagado, el renacimiento de prejuicios, - subraya el Jefe del Dicasterio Vaticano – el resurgir de la tentación de resolver todo señalando tal o cual chivo expiatorio". Y sin embargo, "la belleza del nosotros", de comunicar con Dios con un rostro abierto, ha surgido con fuerza. “Habiendo experimentado la separación – escribe Ruffini – hemos entendido el significado de la comunión”. "Sin la capacidad de devolver la experiencia a la unidad, no hay sabiduría, ni siquiera conocimiento; todo – enfatizó – se reduce a una lista de hechos sin historia".

Dónde fundar la esperanza

Es aquí, pues, donde debemos entender el verso, elegir el bien o el mal también en la comunicación; "confiar sólo en la tecnología o darle un alma"; sentir la responsabilidad de la verdad o "convertirnos en instrumentos (conscientes o inconscientes) para la difusión de noticias falsas". "Pero todo depende – señala el Prefecto – de dónde fundamentamos nuestra esperanza", depende de elegir lo que importa, de estar en la realidad pero sin estar corrompido. Dar una nueva forma a las cosas, "responder a la unión enferma de la pandemia con la unión sana de la buena voluntad", ser testigos creativos y para ello necesitamos inteligencia y fe. Tenemos que entender si la comunicación que teníamos antes era realmente tal, si la "travesía en el desierto" que la pandemia nos impuso podía hacernos encontrar de nuevo en el deseo de relaciones verdaderas con los demás.

Sembrar para construir comunidades acogedoras

Los ojos nuevos que hemos recibido nos animan a ser testigos, a "construir", afirma Ruffini, "comunidades acogedoras y solidarias", pero necesitamos que las semillas sembradas hoy echen raíces en un buen suelo. De ahí la llamada, en la comunicación, a ser "ramas de vida nueva", a "encontrar el coraje – como había dicho Francisco en la oración del 27 de marzo, en una plaza de San Pedro completamente vacía – para abrir espacios donde todos puedan sentirse llamados y permitir nuevas formas de hospitalidad, fraternidad, solidaridad". "La comunicación debe basarse en una red que sea a la vez global y local. Digital y real. Y es hecha – evidencia el video mensaje – para unir, no para dividir. Para dar, no para vender o comprar. Para dar a la tecnología una dimensión que la trascienda".

La comunicación, un papel antiviral

En el mensaje, Ruffini recuerda que "si el virus se vuelve endémico, dependerá de la comunicación asumir el papel de antiviral, permitiendo que el 'nosotros' sea imposible a distancia". De lo contrario, será necesario entender "cómo habremos sido capaces de reconstruir nuestro ‘estar juntos’ de la manera en que nos encontraremos de nuevo". Comunicar – subraya el Prefecto – "es establecer relaciones, es estar con", "no hay comunicación sin la verdad de un encuentro". Por lo tanto, es necesario pensar en cómo utilizar la red manteniendo "la relación encarnada entre las personas", construyendo "una economía de compartir, del share" en la que se considere a las personas sobre la base de "su capacidad de dar" y en su colaboración para construir valores los unos a los otros. Por lo tanto, donar tiempo, habilidades, dinero o su propia oración.

La sonrisa que se hace narración

En este contexto se refuerza la necesidad de una Iglesia en salida, tan amada por el Papa Francisco, una Iglesia que pueda "construir la comunión a través de todos los medios de comunicación". "Ha llegado el momento de pensar en la comunicación como una forma de redistribuir los materiales sobrantes, el conocimiento y el amor. Ruffini concluye su discurso citando un proverbio africano que también recuerda la responsabilidad de quienes comunican. "Podemos ser la sonrisa de aquellos que nos han precedido", dice el dicho. "Así, cada historia puede ser rescatada, redimida por el compartir de una sonrisa que se hace historia".

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