Por: Juan Cataño Bracho

Me estoy acostumbrando a ver el mundo con los ojos de Jesucristo y esta es mi primera oportunidad en que doy una opinión inspirada totalmente en la palabra de Dios, porque quiero ver en Jorge 40 la figura de Pablo, un pecador arrepentido que pasó de hacer la guerra a trabajar por la paz, de perseguir a los Cristianos a trabajar con ellos. Creo que nada es imposible aunque no sea fácil y todo es posible para aquel que tiene fe. Además, he aprendido que desde la filosofía Cristiana no hay pecado que no se pueda perdonar ni pecador que no se pueda convertir. Jesús en cumplimiento de su misión salvadora nos garantiza que “No ha venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lucas 5:32). Por eso ahora ha llamado a Jorge 40 a trabajar por la paz.

Ojalá que Jorge 40, con este llamado que se le ha hecho a través de la persona de su hijo, le sirva de gozo al Cielo desde la máxima de que “habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan arrepentimiento” (Lucas 15:7,10).Ojalá que Jorge 40 abra sus ojos a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciba, por la fe en Dios, el perdón de sus pecados y un puesto entre los que se han santificado, después de ser pecadores empedernidos (Hechos 26:18-20).

Antes que aprovechar la oportunidad para saciar nuestra sed de venganza, debemos aprovecharla para inaugurar nuestra capacidad de perdonar al que se arrepiente de corazón, si se da el caso que Jorge 40 la aproveche a través de la persona de su hijo, que no debe ver en él un héroe sino un pecador y que el respeto que le debe como padre no lo involucra con sus pecados y mucho menos le obliga a alabar sus errores, aceptando que el Señor le ha mostrado el camino y lo dirige,  a partir de una demostración de humildad y confianza en la justicia Divina (Salmos 25:8-10).

Aspiro a que esta sea una buena oportunidad para que Jorge 40 confiese sus pecados, con la confianza en que Dios es fiel y justo para perdonarnos y para limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9), desde la creencia en que “al corazón contrito y humillado Dios no lo desprecia (salmo 51:17).

Qué bueno sería escuchar a Jorge 40 aceptando su pecado, pidiéndole piedad a Dios, pidiendo misericordia por la paz de Colombia y el mundo y que borre todas sus rebeliones. Que le lave cada día de su maldad y que le limpie los pecados que le llevaron a atentar contra la vida de los demás, con los que, también, puso en riesgo su vida y la de sus seres queridos.

Por el bien de la gestión de su hijo, es la oportunidad para que Jorge 40 se arrepienta de su mala conducta, por todo el mal que le causó a una sociedad que estima que aún tiene cuentas pendientes con la justicia (2 Crónicas 7:14), porque quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón (Proverbios 28:13). Para esto se requiere que reconociéndose pecador se rasgue el corazón y no las vestiduras (Joel 2:13).

Como un llamado para los que rechazan el nombramiento del hijo de Jorge 40 como miembro de un equipo cuyo objetivo debe ser la aclimatación de la paz, cito la filosofía de Juan Pablo II para quien:

“La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor, que tiene su origen en Dios. La mirada al crucificado nos infunde la confianza de que el perdón y la reconciliación pueden ser una práctica normal de la vida cotidiana y de toda cultura, por tanto, una oportunidad concreta para construir la paz y el futuro de la humanidad.

Jesús nos ha enseñado el modo de escuchar, compartir, hacer por los demás lo que se quiere para uno mismo, arreglar las diferencias mientras se camina juntos y perdonar. El perdón ofrecido y aceptado es premisa indispensable para caminar hacia una` paz auténtica y aceptable. Lejos de ser menoscabo para la persona, el perdón la lleva hacia una humanidad más plena y más rica, capaz de reflejar en sí misma un rayo del esplendor del Creador. No podrá emprenderse nunca un proceso de paz si no madura en los hombres una actitud de perdón sincero. La novedad liberadora del perdón debe sustituir a la insistencia inquietante de la venganza. La capacidad de perdón es básica en cualquier proyecto de una sociedad futura más justa y solidaria. Sólo en la medida en que se afirma una ética y una cultura del perdón se puede esperar también una política del perdón.

Para conseguir el bien de la paz es preciso afirmar con lúcida convicción que la violencia es un mal inaceptable y que nunca soluciona los problemas. El perdón es ante todo una decisión personal, una opción del corazón que va contra el instinto espontáneo de devolver mal por mal. El mal, en este caso la guerra, tiene siempre un rostro y un nombre: el rostro y el nombre de los hombres y mujeres que libremente lo eligen”.   

Por todo lo anterior, estimo que Dios ha llamado a Jorge 40, en la persona de su hijo, a trabajar por la paz después de andar inmerso en el pecado de la guerra y a disfrutar de las maravillas del mundo en solidaridad, paz y tranquilidad, mostrando a los demás las señales de su arrepentimiento con lo que alcanzará el perdón y la solidaridad que nos permitan vivir en armonía y sin amenazas.