Jorge Oñate el Mesías del Vallenato

Por: Juan Cataño Bracho

Jorge Oñate fue el «ungido», para salvar la cultura vallenata del anonimato y liberarla de los detractores que hasta ese momento la proscribían de los altos círculos sociales, como hasta entonces se proscribía en los estatutos del Club Valledupar.

Para los oriundos del Valle de Upar, Jorge Oñate resultó ser una promesa,​ aquel hombre lleno del Espíritu cultural del Valle de Upar; tal como lo permite identificar el significado de la palabra «ungir» ―del latín únguere― que significa ‘elegir a alguien para un puesto o un cargo muy notable’, en aquel entonces, como sumo sacerdote o rey. Jorge Oñate fue la persona designada por Dios para que se dedicara a hacer surgir la verdadera esencia de la música vallenata, como medio entre los miembros de la comunidad vallenata para hacer notar nuestra identidad cultural.

El Valle de Upar, el pueblo elegido por Dios para que reinara la música vallenata, vivió durante generaciones a la espera del nacimiento de Jorge Oñate, a cuya venida, el 31 de marzo de 1949, fue preparado a través de la unión de Delfina Oñate y Daniel González, que se puede considerar una alianza por la cultura de este territorio. Jorge Oñate, "Ungido" por el espíritu vallenato, con cualidades extraordinarias, quien vino a dar cumplimiento a la vocación cantoril de los pueblos del Cesar y La Guajira, porque tuvo el privilegio de conocer la verdad sobre nuestras aspiraciones y nuestro futuro cultural y/o musical.

Fue con Jorge Oñate, a mediados del siglo 20 – cuando el vallenato empezó a tomarse con más fuerza el resto del país, téngase en cuenta que, según algunos entendidos, fue con “El Cantor de Fonseca” con que, definitivamente, el vallenato se tomó a la capital del país. Lo anterior no riñe con la creencia de que, antes de Jorge Oñate, otros cultores habían estado intentando colonizar el interior del país.     

Fue necesario un acto de fe y una mirada al exterior para que surgiera la idea de desligar la figura del cantante y el acordeonero, arraigada para la época dentro de la música vallenata, para que un joven, con mezcla del interior del país, dejará la fuerza de otros tipos de influencias u tentaciones, como el futbol, y se dedicara a contribuir a la grandeza de la cultura popular. Esta gracia se obtiene a través de la fe en lo nuestro y el obrar vallenato, es decir, en creer o confiar en que esa música generada por campesinos elementales podría generarnos identidad y un valioso aporte a la cultura de Colombia. Fue Jorge Oñate, con su nacimiento en La Paz, quien elimina el anonimato de nuestros juglares y la estigmatización que hasta entonces pesaba de lo más tarde sería nuestra identidad cultural.   Ahora con su muerte, luego de su fructífera trayectoria, nos damos cuenta que su esfuerzo valió la pena y no nos equivocamos si desmitificamos el término mesías y le consideramos a él, el Mesías del Vallenato.

Los  cesarenses, guajiros, costeños y colombianos en general, hoy sentimos el orgullo de lo que llamamos nuestra música vallenata, que hace parte de la música folclórica de Colombia que por su penetración hoy en cualquier parte del país llamamos “nuestro folcor”. El Vallenato  es el género que más ha alcanzado popularidad, tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, cuyas raíces que se encuentran en los campesinos, que cantando de vereda en vereda contaban noticias e historias, tejiendo bromas, noticias y hasta chistes en sus canciones; al inicio no era tan apreciado. 

Hoy la música Vallenata, que es poesía popular, con una fuerte influencia de la oralidad, de la que recibe su fuerza; posee una amplia aceptación popular y en los últimos años su aceptación se ha ampliado, superando las fronteras de la costa atlántica e, inclusive, los límites nacionales. Esta música empieza a tomar importancia cuando las élites la quisieron llevar a sus clubes, para poder beber y escuchar las historias de los juglares. Pero no había ganado popularidad hasta que le nació su mesías, ese ser que con poder de convicción en la voz permitiera que la gente le prestara atención y viviera en sus textos una forma de ser, de sentir y de decir. Ese mesías fue Jorge Oñate que, aunque sin ser el primero que intentara desligar la voz del acordeón, fue el primero en darle al vallenato presencia social y posicionarlo en todas las esferas de la sociedad colombiana.

Jorge Oñate fue para la cultura vallenata, que hoy se resume en el Canto Vallenato, el esperado, el que habría de venir para impulsar nuestra grandeza, la grandeza de los hombres que a fuerza de inspiración daban información de nuestra cotidianidad. Jorge Oñate fue para la cultura vallenata la tabla de salvación, la horma que le dio forma a esta idea a la que nuestra ruralidad no le permitía ser tenida en cuenta en las altas esferas sociales. Desde que llegó Jorge Oñate el vallenato fue otro, considerado, apreciado y avasallante género, al que no pudieran igualar, nunca más los otros géneros. El canto de Jorge Oñate, lo convirtió en profeta de nuestra cultura, en el distinto y más distinguido de nuestros paradigmas. Porque Jorge Oñate fue ungido con un timbre de voz particular, fino pero al alcance y al gusto de todos. Jorge Oñate fue aquel hombre lleno del Espíritu Vallenato, que partió en dos nuestra historia. Y hoy se podrá decir que, aunque a lo largo de la historia del departamento del Cesar existieron muchas personas contribuyeron a su desarrollo, Jorge Oñate fue el profeta, el Mesías de nuestra Identidad cultural; porque representó nuestro acendrado machismo, nuestro arraigo cultural, nuestro orgullo y nuestro sentido de pertenencia.

Fue Jorge Oñate quien inició el largo periplo del Vallenato, otorgándole identidad a nuestra región. Desde un origen local particular, pasando a ser música regional, luego nacional y terminar siendo exportada a múltiples regiones del planeta.

Cuando el 28 de febrero de 2021 parte de este mundo, Jorge Oñate nos permite identificar, aún más, en qué consiste la tan anhelada inmortalidad de los hombres: en dejar huellas, en que su obra se recuerde por siempre a través de la cual su espíritu se mantiene vivo y porque la patria en la que nació y vivió cambió con su llegada y a partir de ahí tomó el rumbo que la bendición de Dios, con su llegada, debió tomar. Adiós a nuestro mesías, a nuestro profeta, al paradigma vallenato, al precursor de la grandeza cultural del Cesar, un hombre sin igual y siempre igual: Adiós Maestro Jorge Oñate, muchas gracias por lo que hiciste por nosotros y por las alegrías infinitas que nos trajiste y nadie nos podrá quitar. Adiós por la cultura con que nos dejastes dotados. Descansa en paz Maestro porque, a pesar de los pecados propios de la naturaleza humana, Tu te mereces disfrutar de la gloria que tu talento nos ha legado.  

"EL RUISEÑOR DEL CESAR"

Por, Julio César Daza Daza.

I

La Paz su pueblo natal

Tierra que le vio crecer

Solía un niño correr

Jugando inquieto y jovial.

Por su canto sin igual

Su fama creció al momento

Volaba su pensamiento

Cuando despierto soñaba

Y cada vez que cantaba

Demostraba su talento.

II

En ésos tiempos de antes

La vez que se parrandeaba

El conjunto se formaba

Solo con tres integrantes.

Destacados y brillantes

Al compás de un buen cajero

Se acopla el guacharaquero,

Tocando con armonía

Y en musical trifonía

Cantaba el acordeonero.

III

Fue el pionero entre cantantes

Que grabó como solista

Vallenatos y conquista

Sus fieles simpatizantes.

En ésos mismos instantes

Otros quisieron brillar

Cada quién con su cantar

Difundiendo mi folclor

Emulando al ruiseñor

Quién empezaba a triunfar.

IV

Un homenaje muy grato

El jilguero lo merece

Con su cantar enaltece

Al género vallenato.

Pionero y cultor innato

En el arte musical

Con su canto natural

Comienza a darle valor

Desde entonces mi folclor

Es una fuente vital.

V

El grabó Nido de Amor

Y Tiempos de la Cometa

Canciones que las respeta

Todo granado cultor.

A éste hermoso folclor

Lo enriqueció con su voz

Liderando y parte en dos

La música vallenata

Su voz líder se hizo grata

Para la gloria de Dios.

V I

Cuando se habla del jilguero

El vallenato florece

Cuatro ritmos fortalece

Cantados con mucho esmero.

Romántico y parrandero

No dejarás de brillar

Te vamos a recordar

Con esa voz tan sentida

Lamentamos la partida

Del ruiseñor del Cesar.

 

 

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