Por: ALI BADRÁN*

Algunos piensan que la soberbia es el primero de los siete pecados capitales. Otros dicen, como Santo Tomás de Aquino, que es “el apetito desordenado de la propia excelencia de uno mismo”, pero que “no es pecado mortal”.

También están quienes se consideran a sí mismos como personas superiores a todos los demás e incluso quienes –debido a su supuesta superioridad– sienten desprecio por sus súbditos.

La soberbia es una de las peores enfermedades que pueden azotar al corazón. La soberbia significa creer que uno es mejor que el otro, mirar a las otras personas por encima del hombro con desprecio, suponiendo que esa persona no es digna de atención.

La soberbia es algo de lo que nadie puede estar a salvo –a menos que Dios tenga misericordia de él– y es un defecto tan grave que el profeta Mahoma (Muhammad , en árabe) dijo: “No entrará al Paraíso quien tenga en su corazón un átomo de soberbia”.

En todos los libros sagrados, Dios –enaltecido sea– nos habla muy fuerte contra los soberbios, porque no sólo es algo detestable, sino que también es una conducta impropia de los seres humanos.

En una de las aleyas del Corán, leemos: “Por cierto que Dios es nuestra única Divinidad, pero entre los que lo niegan, en primer lugar están los soberbios”.

Las personas pueden ser soberbias por varias razones. Algunos ricos miran a los pobres como seres inferiores, cuando la realidad es otra. Algunos que poseen más conocimientos que otros o que entienden más que otros ven a los que saben menos o a los que se equivocan como personas inútiles.

Lamentablemente, es algo bastante común en nuestros días. Sobre todo, el último caso está muy presente entre los creyentes.

Hay algunos grupos de personas que acusan, juzgan, catalogan y tachan a otros cuando los ven equivocarse. Eso no es más que soberbia, y es una de las razones por la que se divide la sociedad.

Dios nos ordena que seamos modestos y humildes, de forma que nadie oprima a otro ni sea soberbio diciendo que uno es el mejor.

Tratar de corregir el comportamiento de las personas que se equivocan o de arreglar los asuntos relacionados con la fe no es soberbia. Al contrario, es algo bueno.

Lo malo está cuando el que intenta eso lo hace sólo para dejar su opinión en alto y humillar a los demás.

La persona soberbia es incapaz de querer para sus hermanos creyentes lo que quiere para sí mismo. También sienten envidia y se enojan cuando al que ven con malos ojos o no les simpatiza, logra algo que él no ha podido conseguir.

En resumen, no se alegra por nada bueno que le suceda a su prójimo.

Es soberbio aquel que no escucha consejos y opiniones de otro, porque cree ser el único que todo lo sabe, cuando sólo Dios es el sabio por excelencia.

Por ese motivo, le pedimos a nuestro creador que nos aleje de la soberbia y que todos seamos ejemplo de humildad y paz.

Uassalamu Alaicum (la paz sea con todos).

* Imán, miembro del Comipaz

 
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